El Pirineo catalán pierde 1.455 explotaciones en dos décadas y el sector podría a colapsar
El caso más reciente y simbólico es el de la SAT Brams, en Sort, la última explotación lechera activa en los Pallars
La crisis sanitaria de la COVID-19, el encarecimiento de los costos de producción —especialmente del pienso—, el exceso de burocracia y la falta de relevo generacional han situado a la ganadería de las comarcas de montaña en un punto de colapso. Los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) son contundentes: a finales de 2024, en el Alt Urgell, la Alta Ribagorça, el Valle de Arán, la Cerdanya, el Pallars Jussà y el Pallars Sobirà solo quedaban 1.455 explotaciones activas.
La desaparición de actividad ganadera va mucho más allá de la pérdida de instalaciones o de una crisis económica puntual. En el Pirineo, y especialmente en los Pallars, este sector es un pilar esencial del PIB local. Sin él, el territorio queda reducido a un monocultivo basado en el turismo y los servicios, un modelo que genera precariedad, incrementa el coste de la vida y expulsa progresivamente a los habitantes.
El último Anuario Económico Comarcal del BBVA, correspondiente a 2024, confirma este desequilibrio: el Pirineo es una de las zonas de Cataluña que más creció económicamente, pero lo hizo gracias a los servicios personales —comercio, turismo y ocio— que ya superan el 40% de la actividad total. Esta dependencia se ha traducido en presión inmobiliaria y un aumento constante de los precios de alquiler, especialmente afectado por la expansión de las viviendas turísticas.
Mientras tanto, la ganadería extensiva tradicional, basada en la economía familiar y en la gestión sostenible del territorio, se encuentra en peligro de extinción. La falta de consumo de proximidad, los bajos precios que reciben los productores y la dificultad de acceder a la tierra desincentivan la incorporación de nuevos jóvenes al sector. La edad media de los agricultores y ganaderos supera los 60 años, y por cada productor menor de 40 hay tres mayores de 65.
SAT Brams, la última explotación lechera de los Pallars, dice basta
El caso más reciente y simbólico es el de la SAT Brams, en Sort, la última explotación lechera activa en los Pallars. En un comunicado emotivo, sus impulsores describen la granja como “el corazón del proyecto”, un espacio de producción pero también de comunidad, convivencia y aprendizaje. Su estructura, una sociedad agraria de transformación, reflejaba la voluntad de ir más allá de la venta de leche: querían innovar, transformar y fortalecer el mundo rural.
Sin embargo, los motivos de su cierre son los mismos que afectan a explotaciones en toda Cataluña. Sin relevo generacional, con una rentabilidad mínima y con obstáculos crecientes para acceder a la tierra, la continuidad se ha hecho imposible. La caída del precio de la leche, causada por los excedentes y un mercado desregulado, ha colocado a muchas granjas en la paradoja de perder dinero simplemente por producir.
A esto se suma una burocracia cada vez más pesada y la falta de salida para los excedentes, dejando a las explotaciones en un equilibrio precario. La SAT Brams ha optado finalmente por una decisión “difícil pero necesaria”, que simboliza el declive acelerado de un sector clave para el equilibrio social, económico y ambiental del Pirineo.
Expertos y colectivos locales advierten que, sin medidas urgentes y estructurales, el Pirineo podría perder una de sus últimas defensas contra la desertización social y la dependencia absoluta del turismo.
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