La generación que pagará las pensiones pero quizá no verá ninguna

DA admite que "a los 65 años, pocos de nosotros podremos jubilarnos"

Jordi Cinca | ANA
Jordi Cinca | ANA
por el autor La Veu Lliure
3 minutos de lectura
Publicado el Domingo, 5 Abril 2026 - 12:30

El futuro de las pensiones vuelve a situarse en el centro del debate público en Andorra, pero esta vez con un tono más duro y un sentimiento creciente entre los jóvenes: la sensación de que sostienen un sistema que difícilmente les devolverá algo.

En un país que envejece rápidamente y donde las reformas llegan tarde y mal, cada vez más jóvenes expresan un descontento que no es solo económico, sino también de confianza en todo el modelo.

Adrià Palmitjavila, presidente de la sección Joven de DA, verbaliza lo que muchos piensan pero pocos políticos se atreven a decir: “A los 65 años, pocos de nosotros podremos jubilarnos”. 

Una frase que resume una realidad que el Gobierno y parte del establishment prefieren maquillar con discursos optimistas. “Si nosotros lo mantenemos para los de ahora, ¿quién lo mantendrá para nosotros?”, se pregunta Palmitjavila.

“Ni un duro”

La respuesta institucional tampoco genera tranquilidad. Jordi Cinca, presidente de la Comisión Gestora del Fondo de reserva de jubilación, reconoce que hay toda una generación que no confía ni en los políticos, ni en el modelo, ni en el fondo que debería garantizar su futuro.

“Cuando llegue a los 65, aquí no habrá ni un duro”, admite, reflejando un temor cada vez más compartido: que las aportaciones actuales solo sirvan para tapar los agujeros de un sistema desequilibrado.

Mientras tanto, desde el Foro de la Juventud, Anthony Francome recuerda que el debate sobre pensiones no es solo una cuestión local, sino un síntoma global de un modelo caducado. “La riqueza ya no se genera como antes; se ha concentrado y automatizado”, apunta. 

Denuncia, además, que muchos gobiernos prefieren instalar la narrativa del miedo: la idea de que el bienestar se acaba y que la juventud debe aceptar resignada un futuro con menos derechos. “Es una falsa dicotomía. Es la trampa que quieren que asumamos: pensar que todo está perdido”, sentencia.

Un sistema en crisis y soluciones desconectadas

En lugar de abordar el problema de fondo —la sostenibilidad real y la distribución moderna de la riqueza—, el debate se centra en la responsabilidad individual. 

Cinca propone que los jóvenes “empiecen a invertir” como plan de jubilación, como si la solución fuera convertir cada ciudadano en gestor financiero para compensar las carencias de un sistema público en crisis. Comprar un piso, invertir, planificar… todo menos garantizar que el sistema público funcione como debería.

La realidad, sin embargo, es tozuda: en un país con precios de la vivienda desorbitados, salarios que no siguen el ritmo de la vida y creciente precariedad, decirle a un joven que “compre un piso” como plan de jubilación roza la desconexión con la realidad.

A pesar de este panorama, Francome insiste en que aún hay margen: desde el Foro se están impulsando estudios y campañas para visibilizar a una generación que trabaja, cotiza y sostiene el sistema, pero a quien se le dice que no habrá nada para ella. Un mensaje que, lejos de ser pedagógico, es políticamente irresponsable.

El debate sobre las pensiones es inevitable. La verdadera cuestión es si Andorra optará por una reforma valiente y justa, o si continuará culpando a la juventud de un problema que ellos no han creado.

 

 

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