EDITORIAL | Andorra ante el reto estructural de las pensiones: reformar ahora o asumir más riesgo mañana
Artículo de opinión de Joel Picón
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por el autor
Joel Picón
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Miércoles, 10 Junio 2026 - 10:29
En Andorra, el debate sobre las pensiones ya no se mueve en el terreno de las hipótesis, sino en el de los datos que empiezan a pesar. El sistema de la CASS afronta un aumento sostenido de la presión: las cotizaciones han crecido un 7,8%, pero los gastos en pensiones de jubilación lo han hecho un 12%, una diferencia que, año tras año, va tensionando el equilibrio.
La fotografía demográfica refuerza esta sensación de estrechamiento. El país mantiene aún una relación de 2,97 cotizantes por cada pensionista, una cifra que sigue siendo mejor que la de otros entornos cercanos, pero que ya se aleja del margen considerado óptimo de sostenibilidad a largo plazo.
Riesgos del futuro
El crecimiento de los pensionistas —un 4,8% en un solo año— no es un salto repentino, sino una inercia constante. En este contexto, la intervención de Cerni Escalé introduce un vector adicional de complejidad.
Su advertencia sobre el futuro Acuerdo de Asociación con la Unión Europea apunta a un posible “coste oculto”: la coordinación de sistemas podría facilitar que Andorra asuma más pensiones de ciudadanos europeos de las que los andorranos percibirían en el exterior. No es un efecto inmediato, pero sí una derivada potencial de un sistema más abierto y automatizado.
Junto a este debate externo, el núcleo interno del sistema sigue girando sobre las mismas palancas: edad de jubilación, cotizaciones y arquitectura del modelo.
La propuesta del segundo pilar de capitalización individual, inspirada en modelos como el suizo, aparece cada vez con más fuerza como mecanismo de complementariedad, no de sustitución. La idea es simple en teoría y compleja en su ejecución: combinar reparto y ahorro individual para reducir la presión futura sobre el sistema público. Pero la discusión no es solo técnica.
También es temporal. Cuando el sistema crece más en gasto que en ingresos, el tiempo deja de ser neutral.
Cada año sin cambios no es un año vacío, sino un año con más inercia acumulada. En paralelo, figuras institucionales como Jordi Cinca han insistido en una idea que atraviesa todo el debate: la información ya existe y la inacción tiene un coste propio. No es solo una advertencia política, sino una constatación de calendario.
El Gobierno, a través de Guillem Casal, ha reiterado también la necesidad de un consenso político amplio, asumiendo que la reforma no será viable sin un acuerdo transversal que trascienda legislaturas.
El resultado es un escenario donde no hay negación del problema, pero tampoco aún una decisión clara sobre su resolución. Las piezas del sistema son conocidas, los números también, y las posibles reformas están sobre la mesa.
Lo que falta no es diagnóstico, sino el momento en que el diagnóstico se convierte en decisión. Y en ese espacio intermedio —entre saber y actuar— es donde se juega hoy la sostenibilidad real del sistema.