El helipuerto de la Caubella, inaugurado hace más de un mes, todavía no funciona
Los helicópteros continúan operando desde el antiguo helipuerto de Terra Guindaldes
El Helipuerto Nacional de la Caubella continúa sin entrar en funcionamiento pese a haber sido inaugurado oficialmente el pasado 22 de junio con la presencia del jefe de Gobierno, Xavier Espot.
Mientras la nueva infraestructura permanece inoperativa, los helicópteros siguen despegando y aterrizando desde el antiguo helipuerto de Terra Guindaldes, situado junto al núcleo urbano de La Massana.
La situación ha generado sorpresa entre los vecinos y críticas políticas. La consejera general del grupo socialdemócrata Laia Moliné, vecina de La Massana, ha confirmado que las operaciones continúan realizándose desde el antiguo helipuerto, con las consiguientes molestias por el ruido y la preocupación por la proximidad de los vuelos a las zonas habitadas.
«Si el helipuerto de la Caubella ya está inaugurado, ¿por qué no se utiliza?», se pregunta Moliné.
Precisamente, uno de los principales motivos que llevaron a plantear el traslado de la actividad a la Caubella fue alejar los vuelos de las zonas habitadas de La Massana.
Un conflicto entre el promotor y el Gobierno
Detrás de la falta de actividad en la nueva infraestructura estarían también las desavenencias entre el empresario Antoni Rebés, promotor del helipuerto, y el Gobierno de Xavier Espot.
Rebés no asistió al acto de inauguración del pasado 22 de junio, pese a su papel como impulsor del proyecto. Según ha trascendido, uno de los principales puntos de conflicto sería la negativa del Gobierno a permitir la construcción de bungalows turísticos junto al helipuerto de la Caubella.
Esta posibilidad habría sido planteada durante la anterior etapa de Gobierno, cuando Jordi Gallardo ocupaba el Ministerio de Presidencia. Sin embargo, el actual Ejecutivo no habría dado continuidad al proyecto. El Comú de La Massana, además, ya ha manifestado que no autorizará la construcción de estos alojamientos en una zona considerada de elevado valor natural.
La ubicación del nuevo helipuerto también ha sido objeto de polémica desde el inicio. La infraestructura se encuentra en la Caubella, en una zona elevada y alejada del centro del país, con dificultades de acceso especialmente durante los meses de invierno.
A ello se suma el impacto medioambiental de las obras, que supusieron la tala de más de 2.000 árboles.
Un coste que genera discrepancias
El coste de la infraestructura también ha generado controversia. El Gobierno sitúa el coste global del proyecto en alrededor de ocho millones de euros, una cantidad que incluye tanto la ejecución de las obras como las compensaciones previstas en el contrato de concesión.
Según explicó Xavier Espot, hasta junio de 2026 el Ejecutivo había abonado aproximadamente 5,5 millones de euros a Antoni Rebés, mientras que el resto correspondería a los compromisos económicos pendientes derivados del contrato.
El Partido Socialdemócrata (PS) ofrece, sin embargo, una estimación muy superior y sostiene que el coste real del helipuerto podría alcanzar los 16 millones de euros si se tienen en cuenta todas las aportaciones públicas, las compensaciones al concesionario y otros gastos asociados durante el periodo de concesión.
Sin vuelos internacionales por la falta de controles fronterizos
Las dificultades para poner en marcha la infraestructura no terminan aquí. Andorra no forma parte del espacio Schengen, por lo que para que los helicópteros puedan realizar vuelos internacionales hacia Francia o España sería necesario disponer de los correspondientes controles fronterizos y aduaneros.
Actualmente, estos controles no existen en la Caubella, lo que limita las posibilidades de explotación de la instalación.
Esta circunstancia también habría generado malestar entre el promotor, ya que la imposibilidad de realizar vuelos internacionales reduce considerablemente el potencial económico del helipuerto. En este contexto, la construcción de bungalows turísticos habría sido planteada como una posible vía para complementar y rentabilizar la actividad.
Mientras tanto, más de un mes después de su inauguración oficial, los helicópteros continúan operando desde Terra Guindaldes, obligando a los vecinos de La Massana a seguir conviviendo con el ruido y las molestias de los vuelos.