Acuerdo de asociación: pequeña guía del laberinto
Artículo de opinión de Joan Carles Rodríguez Miñana
Últimamente las noticias de lo que sucede (o quizás mejor decir de lo que NO sucede) en Bruselas en torno al Acuerdo de asociación nos tienen a todos perplejos, desconcertados.
Con un texto del Acuerdo completamente cerrado y presentado solemnemente en diciembre de 2023 y acabado de pulir legalmente, traducido a los 23 idiomas oficiales de la UE y publicado íntegramente en su web en abril de 2024, llevamos más de 2 años desde la completa finalización de las negociaciones (que, recordémoslo, comenzaron 8 años antes).
Que si el grupo EFTA, que si el Coreper, que si el Consejo de la UE, que si el Parlamento Europeo, que si los Estados, que si... el guirigay es ensordecedor, imposible de captar lo que está pasando.
Bienvenidos a la burocracia europea, el paraíso donde se discute mientras los competidores van a trabajar.
Un auténtico laberinto infernal al que nos ha llevado un Gobierno inerte, pusilánime, aturdido, ensimismado. Un Gobierno perdido que se ha entregado completamente a los brazos de la UE para que lo cobije.
Efectivamente, ya a finales de 2023, con el texto cerrado, el Gobierno debería haber comenzado los trámites (que no son ligeros) para la celebración del tan repetidamente prometido referéndum.
Y, por un instante, a principios de 2024, parecía que así sería. En abril de 2024, una vez cerrado y revisado jurídicamente el texto y publicado en todos los idiomas de la UE (no así en catalán, donde las páginas del texto aún pendientes de traducir superan el millar) era sin duda el momento de plantear la celebración del referéndum.
Pero, claro, las encuestas ya no acompañaban y, con el texto publicado (parcialmente en catalán, pero totalmente en español, francés, portugués...) el NO crecía inexorable, imparable.
Así, se confía todo en que todos aquellos organismos de la UE citados al inicio de este artículo (la existencia de algunos de ellos la vamos descubriendo día a día, conforme este culebrón avanza) se pongan de acuerdo.
Eso, como vamos viendo, no es nada sencillo.
De hecho, llevamos dos años más desde entonces y, pese a todas las promesas y todas las presiones, a día de hoy el Acuerdo simplemente ha caído de las agendas europeas. No está. Esperan, eso sí, recuperarlo. Algún día... pero no os atreváis a preguntar cuándo.
Una vez España ha conseguido un Acuerdo satisfactorio UE-Reino Unido para Gibraltar (sin interferencias de los Estados de la UE, por su naturaleza no mixta), parece haber variado su postura sobre el Acuerdo andorrano y apoyar la posición casi unánime de que el “nuestro” Acuerdo SÍ es mixto.
Supongo que sabéis que el Acuerdo andorrano-sanmarinense es mixto por un tema de inversiones en cartera y porque establece una cooperación en la buena gobernanza en materia fiscal.
Lo habéis leído bien, sí: fiscal. Precisamente aquella materia que tanto se nos había dicho y repetido que “no tenía cabida en el Acuerdo”, que “el Acuerdo no la tocaba”.
Que “el Acuerdo no toca la fiscalidad”? Pues la verdad es que sí la toca. Y lo hace de manera que los Estados europeos, en su inmensa mayoría, han considerado inaceptable y creen que viola su soberanía.
Por eso llevan dos años discutiendo, porque no quieren ceder aquello que es suyo, que la gobernanza fiscal de cada país es muy importante.
Mientras tanto, en Andorra, como era de esperar, ya nos parece todo bien y decimos sí a todo, un sí incondicional, da igual lo que diga el texto acordado. Nos da igual un huevo que una castaña. Esto del acuerdo mixto o no mixto es algo que apareció hace dos años, en 2024.
Y con mucha fuerza, de manera que ha monopolizado el debate europeo sobre el Acuerdo desde entonces. Antes siempre habíamos considerado que era un Acuerdo UE-Andorra-San Marino y no se nos pasaba por la cabeza que todos los Parlamentos de los Estados miembros tuvieran algo que decir.
Y menos aún por una cuestión de gobernanza fiscal, convencidos como nos tenían de que “el Acuerdo no habla en absoluto de fiscalidad”.
Curiosamente, sin embargo, el texto negociado, revisado, cerrado, negociado y publicado se titula:
“Propuesta de DECISIÓN DEL CONSEJO relativa a la firma, en nombre de la Unión Europea y a la aplicación provisional del Acuerdo por el que se establece una asociación entre la Unión Europea y el Principado de Andorra y la República de San Marino, respectivamente.”
“¿Aplicación provisional del Acuerdo”? ¿Y por qué querían la “aplicación provisional del Acuerdo” si no lo consideraban mixto y, por tanto, no debía sufrir (como sufrirá siendo mixto) un periplo de años por todos los Parlamentos nacionales -más algunos regionales- de los 27 Estados miembros de la UE?
En cualquier caso, nos encontraremos en esta situación: años de ratificación Parlamento por Parlamento, todas las fuerzas políticas de cada Parlamento europeo opinando y debatiendo sobre Andorra y votando en consecuencia.
La antítesis de la “discreción” y del “pasar desapercibido” del Manual Digest.
La ley andorrana no permite la aplicación provisional del Acuerdo... pero poco les costaría modificarla. Tienen mayoría para hacerlo.
La misma mayoría que ha hecho que consejeros “liberales” votaran la Ley Ómnibus que permitía la cesión obligatoria de los “pisos vacíos” (los chalets y unifamiliares quedan fuera del ámbito de aplicación de la ley).
Tras algunas manifestaciones anteriores más ambiguas del jefe de Gobierno, el secretario de Estado ha escrito públicamente que “la modificación de la Ley de tratados no está en la agenda”.
Esto significaría que este Gobierno -como predije hace años- no hará nada más respecto al Acuerdo de asociación, ni siquiera traducir al catalán las más de 1.000 páginas que aún le faltan, y dejará al nuevo Gobierno salido de las urnas el trabajo pendiente de terminar.
Como cantaba “Cloclo” François: “Comme d’habitude”.
NO A LA UE